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miércoles, 28 de enero de 2009

TU ESPACIO = TU CUARTO



¿No les ha pasado que prefieren estar más tiempo en la escuela o en la casa de sus amigos antes que llegar a la suya? Y no es que sea malo tener ese sentimiento. Pero sin duda es consecuencia de que la relación con la familia no es de las mejores.

Por eso es que muchos se encierran directamente en su cuarto o se aíslan en un lugar para no tener que ver a nadie durante un buen rato. Aunque esa necesidad de intimidad puede producir el efecto contrario al hacer que nuestros familiares se preocupen y nos interrumpan cuando queremos estar solos.

Seguro que todos hemos provocado más de un altercado al contestar agresivamente a alguien que nos busca en nuestros momentos de privacidad. Pero aunque nos cueste una alta dosis de paciencia, el primer paso para conseguir el respeto de nuestro espacio es comprender que el resto no siempre comprende los cambios de ánimo adolescentes.

A pesar de que los adultos hayan pasado por esa etapa, sus nuevas responsabilidades y el deseo de cuidarnos les hacen olvidar rápidamente lo que sentían cuando no podían disfrutar de su soledad.

Por más que suene trillado, podemos conseguir nuestros objetivos con una buena comunicación. Siempre es mejor hablar con nuestros padres sobre nuestro humor voluble y advertirles que algunas veces vamos a querer estar solos más que de costumbre.

Con el mensaje claro, ellos podrán transmitirlo al resto de la familia. También ayudará que pongamos recordatorios como carteles del tipo “Reservado” en la puerta de nuestra habitación. Pero si aún así no logran entendernos, podemos acudir al psicólogo de la escuela para que nos dé “una ayudadita” hablando con nuestros papás al respecto.

En caso compartamos el dormitorio y alguien más quiera usarlo en ese momento, lo mejor es evitar tontas discusiones y sin mostrar mucho interés ponernos cómodos en el lugar más alejado del cuarto.

La clave está en negociar el respeto a nuestra privacidad por el respeto a las reglas de casa y las actitudes de los demás. Y si ello implica las salidas, no demos motivo a que nos controlen más de la cuenta llegando tarde o haciendo que desconfíen de lo que les decimos.

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